Los jóvenes se constituyen como uno de los grupos más castigados por el desempleo. En 2019, la cifra de paro juvenil se posiciona en el 22,9% en los jóvenes de entre 16 y 24 años; dato que asciende hasta el 39,5% si contamos a las personas entre 16 y 29 años.
El envejecimiento demográfico de la población española y la prolongación de los estudios han resultado en una reducción del peso de los jóvenes en el mercado laboral. A esto hay que sumarle la temporalidad del empleo al que acceden. El 67,9% de los contratos laborales firmados por personas jóvenes son temporales. No solo esto, los jóvenes ocupan puestos de trabajo con jornada a tiempo parcial en una proporción superior a la media (37,3% frente al 14,9% del conjunto de la población).
Todo esto sin entrar en el salario. Los sueldos de las personas jóvenes son inferiores a las retribuciones medias del conjunto de trabajadores y trabajadoras. Los jóvenes entre 20 y 24 años conforman el tramo de edad con el salario más bajo: 11.775 € de media. En el tramo de entre 25 6 29 años el salario se posiciona en una media de 16.441 €.
¿En qué situación deja esto a los jóvenes?
Estos datos nos muestran la difícil situación que tienen que enfrentar las personas jóvenes en nuestro país. Después de dedicar años, esfuerzo y recursos a conseguir una buena formación que les facilite su inmersión en el mercado laboral, ven como la única manera de conseguirlo es a través del trabajo precario. El contrato de formación es la manera de contratación más común entre los jóvenes, con retribuciones económicas que no les permiten constituir una vida propia por su cuenta. De esta manera, el proceso de independencia, la capacidad para constituirse por su cuenta y poder desarrollar una vida propia se ve estancado, causando altos niveles de frustración y ansiedad.
Sin facilitar la inmersión de las personas más jóvenes en nuestro mercado laboral ponemos en riesgo el futuro económico y social de nuestra sociedad.
Emprender con responsabilidad para acabar con el paro juvenil
Es una obviedad que las personas jóvenes necesitan nuevas formas viables de poder realizar de manera satisfactoria su actividad laboral. En un mercado que castiga con especial severidad a las generaciones más jóvenes, debemos impulsar nuevas formas de empleo.
El dato de emprendimiento juvenil ha experimentado un ligero crecimiento en los últimos años, posicionándose en el 6,4%. Hablamos de un grupo generacional con una alta formación que ve cómo el mercado laboral no ha sabido responder a sus necesidades laborales, por lo que apostar por el autoempleo es una de las soluciones idóneas si se realiza de manera responsable.
Analizar las posibilidades de negocio, hacer un plan de desarrollo y conocer las oportunidades de la actividad a realizar es primordial para conseguir que funcione de manera correcta.
Por suerte, las personas jóvenes cuentan con múltiples ayudas y asesoramiento continuo para emprender de manera local, autonómica y nacional. Las entidades de gobierno suelen apostar por las facilidades para emprender
Recomendamos explorar las oportunidades para emprendedores ofertadas por tu localidad, región o comunidad. Además de ayudas para la financiación, el paso más determinante para poder constituirse por cuenta propia, los planes de apoyo al autoempleo cuentan, en muchas ocasiones, con servicios de asesoramiento en los que expertos guían cada paso del proceso.
La importancia de estos planes se encuentra en la necesidad de que las entidades públicas apuesten por la creación de empresas por parte de los sectores más jóvenes de población; quienes, con los medios adecuados, podrán crear nuevos puestos de trabajo en el futuro; beneficiando el mercado laboral.
